La Macarena culmina la restauración de las pinturas de la Basílica


Un cuarto de siglo después de su finalización los murales de la Basílica de la Macarena –ejecutados por Rafael Rodríguez Hernández entre 1982 y 1992– vuelven a lucir en todo su esplendor. Los licenciados en Bellas Artes por la Hispalense Carlos Peñuela –que también es hermano de la corporación– y Ana Marín han finalizado estos días los trabajos de rehabilitación de los 803 metros de pinturas que decoran muros, bóvedas, arcos y capillas del templo tras más de cuatro meses de intervención.
La actuación se inició en noviembre con los murales de los papas Pablo VI, Juan Pablo II, Pío XII y Juan XXIII que se encuentran a los pies de la Basílica. En ellos se detectaron «serios síntomas de afección por humedad extrema» que habían provocado la presencia de «sales en superficie». Ante ello se procedió a la restitución de las faltas de mortero y a la reintegración cromática.
En el caso de las capillas, la del Señor de la Sentencia era la que presentaba un mejor estado de conservación. Aún así, se ha procedido a «la retirada exhaustiva del polvo y la suciedad» y a la fijación de «desprendimientos de pintura». Un proceso similar al ejecutado en las capillas del Rosario, donde se «consolidaron los paramentos murales», y las del Cristo de la Salvación y la Hispanidad, en las que se «retiraron los testigos colocados hace años para estudiar el movimiento de los muros» y se actuó sobre las cornisas.
La intervención, que ha contado con el asesoramiento del profesor de la Escuela Superior de Ingeniería Juan Jesús Martín, prosiguió en la bóveda y la escena del coro, que requirieron «especiales cuidados» con el fin de devolverles «los valores estéticos devaluados» por el paso del tiempo. Ambas presentaban «humedad, grietas y fisuras» que fueron tratadas en profundidad, devolviéndoles «su volumen y cromatografía originales».
Aunque no se ha tratado de una restauración integral sino de «actuaciones muy puntuales», la mayor parte del tiempo invertido se ha centrado en «el arco toral del altar mayor e intradós y bóveda central del presbiterio». En ellos se ha procedido a consolidar el «soporte mural», la eliminación de «las sales que generaban eflorescencias en la película pictórica» y la reintegración de «la volumetría y la cromatografía» de las mismas. Siempre, según indicó el propio Peñuela, procurando «una intervención con un mínimo impacto» que ha recuperado la que se considera una de las joyas pictóricas del arte contemporáneo.
FUENTE: EL CORREO DE ANDALUCIA