COLABORADOR DE SEVILLA TURÍSTICA
Comenzó Simof 2017 estrenando espacio, el escenario del auditorio de Fibes para desfiles y el amplio hall para expositores y zona Ego. Tras la entrega del premio Flamenco en la Piel a Tony Benítez, que recogió en su nombre Raquel Revuelta, comenzó la pasarela de profesionales.
Mila y Rocío Montero han tomado las riendas de la firma que creó su madre, Lina, en 1960, y levantaron al público tras la presentación de una gran colección. Bien construida, manteniendo tradiciones, elegante, muy flamenca, llena de maestría, en la que es difícil elegir tan sólo un diseño. Treinta y ocho trajes componen su 'Manifiesto' de amor al oficio de la costura y a la moda del Sur, que comenzó con Desiré Cordero envuelta en mikado de seda rojo y negro.
A partir de ahí, un universo de alegría; ligeros vestidos enterizos muy bien encajados en el cuerpo, de talle bajo y evasé; estampas actuales de hace años. En volantes, casi de todo: pequeños, medianos y grandes, de capa, de pico o en cascada, siempre, con el movimiento característico de la firma, al que contribuyen las enaguas de organdí con encaje de bolillo, cintas y tira bordada.
Lina maneja a la perfección el escote a la caja, también los abre en pico y destaca la espalda. Y las mangas. Imprescindibles para que un traje de flamenca esté completo. Abullonadas al codo, largas con pequeños volantes, o de otros tamaños y formas.
Propone también dos piezas, con destacadas faldas brocadas de talle alto y blusas de gasa con diferentes cortes y adornos -bordados, perforados, brocados...-.
Lina utiliza algodón, popelín, seda, batista perforada, crespón, brocado, gasa, organza, tafetán, raso de algodón y mikado de seda, lisos y de lunares, estampados y flores, en una amplísima gama de colores. Completa con mantones lisos de crespón o seda bordados, exclusivos y artesanales, y con las gitanillas de latón esmaltadas de Benjamín Bulnes, pendientes de aros de motivos florales y piedras naturales.
Otro nombre imprescindible es Pilar Vera, con su nueva colección 'A la pintura', y cumpliendo 40 años de exitosa profesión. La divide en dos partes, manteniendo la esencia del traje de flamenca, cuidando a la mujer, y la viste cuida. Recuerda en su primera línea la pintura costumbrista sevillana del siglo XIX, con tejidos de estampados florales en los que los talles son altos, los escotes se abren -bañera- y las faldas muestran gran caída. Elige algodón y viscosa que otorgan movimiento, y completa con mantones bordados.
Más información en: El Mundo
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